Qué es la improvisación teatral: el mapa de competencias | LCI
Feña Ortalli y Alan Arias exploran las áreas que componen el aprendizaje de la improvisación teatral: presencia, escucha, narrativa, interpretación y más.
En La Casa de la Impro llevamos tiempo trabajando en algo que no existía: un mapa de competencias de la improvisación teatral. Un marco que permite a improvisadores, docentes y escuelas entender qué se entrena exactamente cuando se sube al escenario sin guion. Para explorar ese mapa desde fuera, desde la perspectiva de alguien que lleva décadas pensando la disciplina en serio, invitamos a Feña Ortalli.
Feña es fundador de Global Impro y editor de la revista Status, la publicación de referencia teórica de la improvisación en habla hispana, hoy disponible en español, inglés, francés e italiano. Con él recorremos las áreas del mapa una por una: no para cerrarlas, sino para entender por qué existen y qué cambia cuando un improvisador las trabaja con conciencia.
La conversación completa está disponible en Armas para lo Fantástico. Este artículo destila las ideas centrales.
Por qué la improvisación necesita un mapa
Durante mucho tiempo, aprender a improvisar fue un ejercicio casi clandestino. Feña lo describe con precisión: cuando empezó en la disciplina, hace más de veinticinco años, no había YouTube, no existía la red de conexiones que tenemos hoy. El acceso al conocimiento pasaba por conseguir una fotocopia de la fotocopia de la fotocopia del Impro de Keith Johnstone, o por bucear en textos escaneados de Internet.
Hoy, estar a una llamada de cualquier improvisador del mundo, tomar clases en remoto o producir una revista teórica en cuatro idiomas es parte de la normalidad.
Ese salto de acceso trajo también más responsabilidad: si ahora podemos saber por qué hacemos lo que hacemos, conviene hacerlo. No para matar el juego, sino para profundizar en él. La parte teórica no está ahí para hacer mejor o diferente el juego. Está para saber por qué hacemos lo que hacemos.
Esa es exactamente la función del mapa de competencias que hemos desarrollado en LCI: no una jaula, sino una brújula.
El primer desafío de cualquier escuela: la sinceridad sobre lo que ofrece
Una de las tensiones más honestas de la conversación aparece en los primeros minutos. Feña describe algo que reconocemos en sala: al principio de un curso, todos estamos en el mismo barco, jugando y divirtiéndonos. Con el tiempo, los objetivos de las personas cambian. Hay quienes reciben el llamado de los dioses de la impro y quieren dedicarse a esto. Hay quienes, con igual legitimidad, simplemente quieren seguir disfrutando sin más compromiso.
El mapa de competencias sirve precisamente para esto: no todos los cursos de impro tienen que funcionar de la misma manera. La honestidad sobre lo que se ofrece como profesores y como escuelas es lo que permite que cada estudiante encuentre su lugar sin sentirse insuficiente ni forzado.
En LCI, los cursos regulares están diseñados con esa distinción en mente: desde quien entra por primera vez hasta quien quiere construir una obra de una hora.
Medir sin matar el espíritu: pedagogía e improvisación
Una de las preguntas que abre el recorrido por el mapa es incómoda y necesaria: ¿se puede evaluar la improvisación sin romper lo que la hace viva?
La posición de Feña: hay formas y contenidos. Como docente, uno plantea objetivos para cada ejercicio. Pero muchas veces, al ver cómo los alumnos resuelven el ejercicio, aparecen otras posibilidades que no se habían previsto. La inventiva y la frescura de la improvisación generan alternativas que el profesor no había contemplado. Esto no es un problema. Es la naturaleza del oficio.
Lo que señala como error común es la malinterpretación del "todo vale". No todo vale. Todo vale dentro de las pautas que marcamos. Y dentro de esas pautas, lo que funciona como pedagogía es reflexionar después de cada ejercicio, sin analizar cada detalle hasta matar la dinámica, pero sí extrayendo los puntos importantes.
Hay una frase que en LCI compartimos como principio: en la impro todo pasa y no se repasa. Con el tiempo llegamos al mismo lugar: claro que se puede revisar. Claro que se puede analizar como pasado una vez que estamos del otro lado. El presente manda siempre, pero el presente ya fue.
Presencia escénica: lo más importante y lo más difícil de enseñar
La presencia escénica es, para Feña, de las cosas más importantes que tiene que tener una persona al subirse al escenario y de las más difíciles de enseñar o conceptualizar desde la palabra.
Hay gente que lo tiene desde el principio. Personas que entran en una sala y todas las miradas van hacia ellas. Y hay otras personas que tienen que encontrar la forma de ocultar esa inseguridad. La mayoría de quienes nos subimos al escenario a improvisar estamos en ese segundo grupo, porque subirse sin guion no es normal y la sociedad nos entrena para lo contrario.
Su propuesta parte de un concepto muy útil en sala: el público llega con una confianza y una fe establecidas. Si algo no entiende, su primera reacción no es desconfiar del escenario sino preguntarse si es él quien no está entendiendo. Como improvisadores, lo primero que debemos hacer es mantener esa fe.
Feña tiene una fórmula de dos palabras: confianza y elegancia. La confianza es interna, confiar en lo que puedes hacer y en lo que tus compañeros pueden hacer contigo. La elegancia es la máscara: la estoy pasando mal, no entiendo qué está pasando, pero jamás te lo voy a mostrar.
El equilibrio está en no quitarle todo el miedo a la actuación. Feña lo compara con el artista de circo: transmite elegancia y presencia, pero también deja ver que esto es muy difícil. Un sesenta por ciento de verdad y un cuarenta por ciento de "vendida de moto". Esa tensión es la que genera admiración en el espectador.
Escucha y cocreación: antes del 'sí, y…'
Cuando le preguntan cuál es el concepto más importante antes de salir a improvisar, Feña no duda: antes de la aceptación, antes del 'sí y además', está la escucha. Porque no estamos entrenados: estamos programados para no escuchar realmente. Lo que hacemos mientras alguien habla es preparar nuestra respuesta, no recibir lo que nos dicen.
Cuando estamos en escena hay demasiados balones en el aire como para no prestar atención de verdad. Si se pierde algo, ya es muy difícil encontrarlo.
Para Feña, la cocreación es fundamental no por altruismo sino por lo que genera: nada le divierte más que jugar a algo que él no sabía que iba a jugar. Tiene la experiencia para controlar una escena entera, pero hacerlo sería aburrido. Mientras más personas estén involucradas en la creación, más posibilidades aparecen.
Esta área del mapa es además la que más directamente conecta con habilidades que viajan fuera del escenario: aprender a escuchar de verdad, a construir con el otro en lugar de sobre el otro, a leer la energía de la sala.
Narrativa: de contar historias a construir imágenes
En el área de construcción narrativa, Feña comparte uno de los cambios más relevantes de su carrera como pedagogo. Durante años enseñó estructura narrativa desde la trama aristotélica. Funcionaba. Pero en un momento se hizo una pregunta que lo cambió todo: ¿por qué enseñamos a contar historias si lo que hacemos es interpretarlas?
Su diagnóstico: en la docencia de la impro hemos perdido en el camino las herramientas fundamentales de la dramaturgia. El resultado es que sabemos construir historias con estructura, pero cuando llega el momento de escenificarlas, hacemos el doble esfuerzo: primero escribimos una novela mental y luego la adaptamos al teatro.
Su propuesta es más directa: aprender a escribir imágenes. No necesito saber el por qué de antemano. Necesito que algo esté pasando. El teatro está sucediendo. Siempre en presente y continuo.
Esta distinción cambia la forma en que entrenamos en sala. No buscamos al Frodo que llega o no al volcán. Buscamos qué le cambia a ese personaje, por qué le fue encargada esa misión y qué reflexiones tiene al respecto. La tesis, el subtexto, lo que la historia dice por debajo de lo que muestra.
Interpretación: sinceridad con los recursos que tenemos
En el área de expresión e interpretación, Feña parte de una confesión que conviene escuchar: la gran mayoría de las personas que improvisan de forma profesional no tienen ningún tipo de formación específica en interpretación.
¿Qué se hace con eso? Aceptar esa realidad y trabajar desde ella. La estrategia más honesta es acercar la realidad propia a la realidad de la escena, reaccionar con transparencia y creer la situación para entrar en la piel del personaje.
Dentro del escenario conviven al mismo tiempo el actor, el dramaturgo, el director y el escritor, todos en una sola cabeza, en vivo. Esa esquizofrenia es la condición normal del improvisador. Y partir de la audacia de que lo que hacemos está destinado al fracaso es lo que nos permite celebrar nuestras victorias.
Ética y contexto social: la forma también es un posicionamiento
Feña tiene un módulo dedicado a lo que llama improvisación política. Su tesis de partida es que la forma en que hacemos impro ya es, en sí misma, un posicionamiento. Las dinámicas de poder dentro de un elenco, quiénes son las voces que siempre mandan y quiénes las menos representadas: todas esas dinámicas internas se reflejan en el contenido y en de qué tratan nuestras historias.
No plantea que cada show deba ser un manifiesto. Plantea que vale la pena preguntarse si hacemos lo que hacemos porque siempre se hizo así o porque lo estamos decidiendo. Esa pregunta ya cambia algo.
Diseño de shows y sostenibilidad: el trabajo que nadie quiere hacer
En el área de creación artística y diseño de shows, Feña señala algo que reconocemos en casi todas las compañías independientes: hay público para todo, especialmente en ciudades como Barcelona y Madrid. El trabajo está en llegar a ese público y darle algo que valga la pena ir a ver, repetir y recomendar.
Lo que falta en la mayoría de los casos no es talento sino herramientas empresariales, de comunicación y de producción. Nadie quiere hacer el trabajo de producción. Por eso en cuanto alguien se encarga de él, muy lentamente va desapareciendo del escenario.
El futuro de la improvisación
Para cerrar, Feña describe el estado actual de la disciplina en España con un término económico: estanflación. La impro está ahí, hay actividad, pero no termina de crecer.
Su parte optimista señala el camino: mayor colaboración, mayor conciencia sobre la diferencia entre lo profesional y lo amateur, y más organización dentro del sector. "Ojalá en algún momento este trabajo se viralice un poco más y la gente se entusiasme más por lo que hacemos. Y nosotros por mejorar lo que hacemos para generar mayor entusiasmo."
En LCI compartimos ese optimismo. Y añadimos lo que para nosotros es el punto de partida: que exista un mapa compartido de qué se entrena, qué se mejora y hacia dónde vamos. Eso es lo que este proyecto intenta construir.
Escucha la conversación completa
Armas para lo Fantástico con Feña Ortalli
Momentos clave de la conversación:
02:56— La evolución del acceso al conocimiento en impro16:14— Presencia escénica: confianza, elegancia y el 60/40 del equilibrista28:39— Por qué la escucha va antes que el sí, y37:22— El cambio de narrativa a dramaturgia: escribir imágenes en lugar de novelas01:08:45— Improvisación política: la forma como posicionamiento01:31:11— El futuro del sector: estanflación, clase media y conciencia sindical
Si quieres explorar estas áreas en talleres
Los cursos regulares de LCI recorren las áreas del mapa a lo largo del curso, desde iniciación hasta longform. Los intensivos permiten profundizar en una sola área con más tiempo y foco.